La Tarde se ha puesto triste.
Un pajarillo voló
llevándose en vuelo eterno
lo más dulce, lo más tierno
que el campo me regaló.
Pero al marcharse dejó
como prenda de consuelo
una pluma de señuelo que yo guardo con cariño, del pajarillo que niño recogí triste del suelo.(Décima de mi padre, Rodolfo Ferrer -una de las primeras que escribió siendo adolescente)
La tarde se ha puesto triste,
la lluvia tiene un olor
que me recuerda el olvido de aquel amor. (bis, coro)
¿Madre, de quién aprendiste
que al ver caerse un lucero
si pedimos en voz baja se nos realiza el anhelo?¿Cuántas luces promisorias bajaron a tu pañuelo y en silencio les pediste lo que jamás concedieron?
No pidas a las estrellas imagen para mi cuerpo; ni el gesto de mi tonada, nada pidas, te lo ruego.
Madre, quiero que me busques
allá donde los espejos
se refugian a la sombra y en el lleno del silencio.
Madre, baste mi presencia,
mi simple andar sobre el suelo,
y ese gesto clandestino de tu amor sobre mi beso.
