Son de la suerte esdrújula

¡Ay, quién tuviera la suerte

de tener suerte en la vida;

ay, quién tuviera la vida

de tener vida en la suerte!

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Ay, si existiera la suerte

bien sé lo que ocurriría:

ya tendría la burguesía

el negocio de la suerte.

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Pero sucede, por suerte,

que el que reza y no trabaja,

la suerte viene y lo baja

a la casa de la muerte.

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Pues, bueno, como no hay suerte

y forja el hombre su vida,

no he de pensar que mi herida

sea cuestión de mala suerte.

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¡Ay, quién tuviera la suerte

de tener suerte en la vida;

ay, quién tuviera la vida

de tener vida en la suerte!

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Sencillamente al tenerte,

guitarra de buen sonido,

al tenerte, en un descuido

alguien quiso poseerte;

y me dejó sin la suerte

de poder cantar contigo:

la suerte es que soy amigo

del hombre que supo hacerte.

Y podré volver a verte

en la versión de tu hermana

que ojala grite con gana

si quieren robar mi suerte.

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¡Ay, quién tuviera la suerte

de tener suerte en la vida;

ay, quién tuviera la vida

de tener vida en la suerte!

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Vengo a darte mi proeza última

temo a todo lo que huele a trágico.

Soy verdugo de la risa estética

como látigo de tierno critico.

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No me agrada parecer didáctico

ni me gusta alimentar la sátira;

pero creo que vivir de cándido

es muy caro y no resulta práctico.

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Este canto que resulta rítmico

en su acento de palabra esdrújula

me parece que no siembra el pánico

pero asusta los que son frenéticos.

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Es un canto ameno, con su lógica,

lleva dentro sólo su polémica

y no quiere discutir con físicos

ocupados en crear atómicas.

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¡Ay, quién tuviera la suerte

de tener suerte en la vida;

ay, quién tuviera la vida

de tener vida en la suerte!

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Vengo a darte mi palabra última

y mañana te daré la próxima.

Si no tengo que volverme mágico

seguiré burlándome del féretro.

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No me agrada parecer simpático

ni acumulo corazones métricos

esforzados en lucir magníficos:

tengo uno que es bastante elástico.

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No sé bien si recomienda el médico

andar flaco y no tener parásito;

me parece que es bastante rígida

la salud del ser humano clásico.

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No sé bien si la guitarra eléctrica

rivaliza con el hombre bélico:

pero es útil para hacer la música

aunque vivas en un mundo homérico.

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¡Ay, quién tuviera la suerte

de tener suerte en la vida;

ay, quién tuviera la vida

de tener vida en la suerte!

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Es un canto para los dialécticos,

una muestra para los científicos,

una roncha para los alérgicos,

sangre fresca para los espíritus.

Corteza

Corteza
Natural